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COLECCIÓN URNA CENTENARIA

                             

LA URNA CENTENARIA COMO EXPRESIÓN DE PATRIMONIO.

 

Por Gustavo Adolfo Ramírez Ariza

Director Archivo de Bogotá


Si existe un objeto cuyo contenido recogió el espíritu, la intención, los valores, las creencias y el sentido de trascendencia de una generación, esa fue la llamada “urna centenaria”. Es una herencia que las generaciones de principios del siglo XXI recibimos de nuestros ascendientes de comienzos del XX. Una cápsula que nos llega en forma de mensaje, congelando un momento de paz y celebración de hace cien años, cuando todavía estaban recientes las heridas de la guerra de los Mil Días y la mutilación de Panamá.

Su contenido es tan revelador como intrépida fue la acción de su custodia confiada a las instituciones de la ciudad. Abierto el cofre, las generaciones actuales tuvieron en sus manos libros, fotografías, emblemas, periódicos, revistas, mapas y mensajes de una generación interesada en que tuviéramos, además, un recuento pormenorizado de los sucesivos días que se tomaron y los múltiples eventos organizados para celebrar el primer Centenario de la Independencia: ferias industriales, equinas, bovinas y agrícolas; novedades tecnológicas como el reloj que marcaba las horas, y uno más sofisticado que señalaba, además, los minutos; novedades fabriles, productivas, entre ellas la magia de la fuerza del vapor aplicada a procesos de la naciente producción industrial; y los muy novedosos juegos de agua y luces.

Y, en medio de todo ello, los actos solemnes, las inauguraciones de profundo simbolismo, la múltiple creación de monumentos y el descubrimiento de placas en los más diversos sitios de la ciudad con el claro propósito de conservar para la memoria presente y futura los nombres de aquellos que mediante el sacrificio final de sus vidas o el de una existencia sometida a la cárcel y el destierro -como Nariño- le dieron forma y sentido a esa gesta patriótica que culminó en la libertad y en la creación de la República.

Pero la herencia va mucho más allá. En medio de los objetos se insinúan las nociones de una época, de unas generaciones, de unas formas de pensar y vivir el país y el mundo; nociones sobre sociedad, ciencia, arte, patria, vida, religión, iglesia, familia, mujer, próceres, progreso, política, derecho, medicina, literatura, y casi de cualquier cosa. Estas se deslizan por entre los escritos de una generación que frente a la posibilidad de conectarse con el futuro, lanzó su botella al mar. 

Patrimonĭum sería la palabra en latín para definir la acción descrita y sus múltiples significados. Es aquello que “alguien ha heredado de sus ascendientes” como lo define la Real Academia de la Lengua. Esa fue la intención de la ciudad y de sus gobernantes en 1910 y 1911: legar un conjunto ideológico percibido por la generación de entonces como pertinente para el bien público y el saludable desarrollo de la ciudad y de la República.

Una centuria después, la urna fue abierta en un acto celebrado con la presencia de las principales autoridades nacionales y distritales, en representación de la sociedad a la cual fue dirigido el mensaje desde el pasado, tal como lo pidieron en su legado. El contenido del mismo, en principio acogido como una rareza, fue recibido con curiosidad por la sociedad actual. Sin embargo, solamente hasta ahora podrá disponerse del total de sus contenidos para que los ciudadanos y los investigadores indaguen en ellos con la ayuda del presente catálogo.

Esta es una parte del gran edificio de la memoria de la ciudad que debe conectar las memorias prehispánicas, coloniales y republicanas -como la de la urna-, con las contemporáneas, otorgándole a todas las formas de la memoria la misma importancia y el mismo peso. Este propósito no es ajeno al planteamiento del Plan de Desarrollo de la Bogotá Humana, cuyo primer eje nos habla de “una ciudad que reduce la segregación y la discriminación y pone el ser humano en el centro de las preocupaciones del desarrollo”. Ser humano que, por otra parte, es un ser histórico dotado de vivencias de marcada diversidad, cuya memoria no solamente está referida a su presente en la ciudad, sino que por su origen está asociado a unas prácticas culturales, a unas formas de vida y de educación que conectan la ciudad con la zona de su nacimiento.

Así, en el campo de las ideas, los imaginarios, la memoria, la cultura y del mismo relato histórico de la ciudad, se ha venido construyendo una segregación simbólica, que invisibiliza personas, comunidades y culturas que han construido nichos, vecindarios, barrios y zonas que, sumados a lo largo del siglo XX, representan más de la mitad de Bogotá. Vale decir, entonces, que a la segregación socio-económica y espacial corresponde también una segregación simbólica que invisibiliza comunidades con derecho propio a la ciudad.

La diversidad, las memorias, las prácticas culturales, las formas de organización comunitaria, las maneras diversas de convertir el terreno en territorio a través de los usos culturales, constituyen uno de los muchos aportes de las poblaciones que migraron voluntaria o forzadamente durante el siglo XX y en esta primera década del XXI a Bogotá. Acabar con su invisibilización, valorar su memoria, su cultura y sus vivencias, e incorporarlas a la memoria de la ciudad, son los propósitos de nuestro proyecto Memoria diversa e incluyente, que pretende visibilizar para la historia otras formas de memoria que habitan la ciudad.

PDF Catálogo Urna Centenaria

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