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LA BAGATELA

Por Gustavo Adolfo Ramírez Ariza 

Director Archivo de Bogotá


Aunque la sabana donde hoy está Bogotá fuera inicialmente poblada por los hijos e hijas de la diosa madre Bachué, aunque Santafé fuera fundada por el español Gonzalo Jiménez de Quesada en 1538, y aunque la ciudad fuera definitivamente liberada para ser capital de la República por Simón Bolívar, se puede decir que su verdadero creador fue Antonio Nariño, nacido en una de sus calles el 9 de abril de 1765 (parece que el nueve está ligado íntimamente con la historia de la capital).

Nariño fue quien la enseñó a ser la ciudad que hoy conocemos, ilustrada y progresista. Primero como librero, invirtiendo sus riquezas y sus fuerzas en esta empresa de la que se obtienen pocos beneficios económicos, pero para aportar infinitamente a la modernización mental de los habitantes de la villa. Como librero también enseñó a la ciudad a respetar y apreciar los poderes del papel impreso, y tuvo la genial idea de traducir e imprimir los Derechos del Hombre y el Ciudadano en 1793, que habían sido proclamados por la Asamblea francesa en 1789.

Por qué tradujo Nariño los derechos ha sido motivo de discusión: los oficiales españoles dijeron que lo hizo como parte de un complot internacional para derrocar al Imperio, los historiadores posteriores dirían que lo hizo pensando en alcanzar la independencia para Colombia (entonces Nuevo Reino de Granada), y el propio Nariño arguyó que simplemente lo había hecho porque el papel podía ser de interés para los lectores de la ciudad, que sin duda pagarían buen dinero por él.

Todas estas versiones tienen algo de cierto, y en todas se puede apreciar cómo Nariño consideraba el papel y las ideas lo suficientemente fuertes como para cambiar el curso de la historia. Y tenía razón. Sus ideas y escritos cambiaron la historia de la ciudad: con los periódicos que produjo en su famosa Imprenta Patriótica, con los periódicos que él mismo sacó durante el interregno de la primera República -llamada por él la “Patria Boba”-, siendo el más famoso La Bagatela, en la declaración de independencia del Estado de Cundinamarca del 16 de julio de 1813, y en la famosa defensa que hizo de su vida y su gestión ante el Congreso en 1823.

Pero Nariño también fue un hombre de acción y de gobierno. Siendo todavía muy joven fue alcalde de segundo voto y tesorero de diezmos, cargos en los que se desempeñó correctamente a pesar de que sus enemigos políticos trataran de enlodar su administración con reclamos infundados sobre su manejo de los diezmos.

Luego de escaparse en Cádiz de la prisión impuesta por su traducción de los Derechos, Nariño usó sus años en Europa para contactar a otros revolucionarios en potencia o acción y a defender la libertad total de las colonias españolas. Después, durante la primera República, fue presidente de Cundinamarca y comandó la famosa Campaña al Sur, que este 2014 cumple 200 años, y finalmente fue nombrado por el propio Bolívar vicepresidente del Congreso de Cúcuta, aunque las intrigas de Francisco de Paula Santander y sus seguidores dieran al traste con su carrera política y lo condenaran al ostracismo y a la muerte en 1823.  

Ya sea con la pluma o la espada, desde el taller de impresor o desde el palacio de gobierno, desde la gloria del triunfo o la frustración de la cárcel, Antonio Nariño fue artífice de la Bogotá moderna y le enseñó a sus habitantes de ayer y hoy a valorar los documentos impresos como ”el alma de la ciudad”, a gobernar la ciudad con escrúpulos sin medida, y a defender las ideas que abogan por la libertad y la igualdad aunque en ello se nos vaya la vida.  

Antonio Nariño estaba convencido de que se debía conformar un único  gobierno central fuerte y que debía abogarse por la libertad absoluta; de ahí que en la mayoría de sus escritos los temas recurrentes sean el centralismo y la unidad nacional. El gobierno central suponía la más apropiada alternativa de organización y la única forma de impedir una posible reconquista en la República Granadina; por lo tanto Nariño se dedicó a convencer con sus ideales a los ciudadanos, a través del periodismo político que, en el Reino de la Nueva Granada, fue un medio sumamente importante para la difusión de las ideas republicanas y democráticas. Allí, como plantean Daniela Castellanos y Luis Guillermo Venegas, en su libro sobre la  Historia del periodismo colombiano,  se rendía culto a la libertad, se defendía al centralismo y criticaba y argumentaba porqué iba en contra de las ideas federalistas defendidas por Jorge Tadeo Lozano; Nariño reiteraba la importancia de las razones de la independencia y la legitimación de ésta. Así mismo, criticaba a la Constitución monárquica en la cual se reconocía a Fernando VII como soberano y también defendió fuertemente a la libertad de imprenta e hizo énfasis en los peligros que suponía la falta de unión entre los patriotas, ante una posible reconquista española, por eso hacía un llamado urgente a la necesidad de la unión entre todas las provincias.

El Archivo de Bogotá, en el marco de su política de difusión de la memoria histórica y documental de la ciudad, pone a disposición esta nueva edición facsimilar del que es considerado el primer diario de oposición del país, La Bagatela, desde cuyas páginas Antonio Nariño tumbó al presidente Jorge Tadeo Lozano, y que inició los vínculos tan directos que siempre han tenido en Colombia la prensa escrita y la política.

Con esta nueva entrega de nuestra colección de facsimilares, queremos poner a disposición del público en general algunos de los más importantes libros e impresos patrimoniales de la ciudad, que por su antigüedad y estado de conservación tienen restringido su acceso o son de difícil consecución.

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